Ninja CRISPi PRO. Freidora de Aire de Cristal XL. Opiniones.

Hay un gesto que todo el mundo que tiene una freidora de aire repite sin darse cuenta: abrir el cajón cada pocos minutos solo para mirar. Es un acto de fe interrumpido constantemente, porque casi ninguna freidora deja ver lo que ocurre dentro. La Ninja CRISPi PRO parte de una idea tan simple que sorprende que nadie la hubiera llevado hasta el final: si el problema es no ver, la solución es hacer los recipientes de cristal.

Ficha rápida

  • Modelo: AS101EUCY
  • Recipientes: 5,7 L y 2,3 L (recipiente de 3,8 L disponible como accesorio aparte)
  • Material: cristal templado, sin PFAS
  • Potencia: 2.050 W
  • Temperatura: hasta 230 ºC
  • Funciones: 7 programas automáticos + modo manual
  • Dimensiones: 29,97 x 30,99 x 27,94 cm
  • Peso: 5,17 kg
  • Colores: azul ciberespacio, gris claro, gris azulado, rosa
  • Precio de lanzamiento: 249,99 €

El cristal no es solo estética

Lo primero que hay que entender de esta freidora es que el cristal no es un capricho de diseño, cambia la relación que tienes con el aparato. Puedes seguir el punto de dorado de principio a fin sin abrir nada, lo que en la práctica se traduce en cocciones más cortas —cada apertura de una freidora convencional supone perder calor y alargar el tiempo— y en menos sorpresas desagradables de "se me ha pasado sin darme cuenta".

Ninja insiste mucho en que estos recipientes no contienen PFAS, la familia de compuestos químicos que sí aparece en algunos recubrimientos antiadherentes tradicionales. Es un argumento real, aunque conviene tomarlo con la perspectiva adecuada: es la propia marca quien lo certifica, y el cristal como material para cocinar sin recubrimientos sintéticos no es una novedad en sí misma —lleva décadas siendo la opción de referencia en fuentes de horno—. Lo que sí es genuinamente nuevo es llevarlo a una freidora de aire con esta potencia y este rango de temperatura sin que el recipiente sufra.

Dos recipientes, un único aparato

La otra gran decisión de diseño es no fijar una sola capacidad, sino dar dos recipientes intercambiables: uno de 5,7 litros para cuando hay que cocinar para toda la familia —cabe perfectamente un pollo entero— y otro de 2,3 litros para raciones individuales o guarniciones, que no tiene sentido calentar en el recipiente grande. Es una solución más inteligente que la cesta única de gran tamaño que usan la mayoría de competidores, porque evita el problema habitual de sobredimensionar el aparato para una ración pequeña. El matiz que hay que tener claro antes de comprar es que el recipiente intermedio de 3,8 litros no viene incluido, se vende aparte, así que si tu plan es tener las tres capacidades hay que sumar ese coste a los 249,99 € de salida.

Un día de uso, sin idealizarlo

En el día a día, la CRISPi PRO se mueve entre siete programas —Air Fry, Max Crisp, Roast, Bake, Prove, Dehydrate y Reheat— que cubren desde las patatas fritas de rigor hasta fermentar una masa de pan o deshidratar fruta, con la opción de saltarse los automatismos y ajustar tiempo y temperatura a mano. Los 2.050 W y los 230 ºC de máxima dan margen de sobra para dorados rápidos, y el nivel de ruido está por debajo de lo que cabría esperar de un motor de este tamaño, aunque aquí conviene ser honestos: "relativamente silenciosa" es una valoración subjetiva que no sustituye a una cifra en decibelios, y ningún fabricante suele facilitarla.

Donde el cristal vuelve a marcar diferencia es después de cocinar. Los recipientes van directos al lavavajillas, aguantan nevera y congelador, y funcionan como fiambrera: cocinas, tapas y guardas en el mismo recipiente sin trasvasar nada. Es un detalle pequeño que ahorra más fricción diaria de la que parece sobre el papel.

Lo que conviene sopesar

El cristal tiene una contrapartida obvia: pesa más que el plástico o el metal, y 5,17 kg es una cifra a tener en cuenta si vas a mover el aparato con frecuencia entre armario y encimera. También es, por naturaleza, más frágil ante una caída que una cesta de plástico o metal, algo que no es un defecto de fabricación sino una característica inherente al material elegido. Y el precio, aunque no es descabellado para lo que ofrece, sitúa a esta freidora por encima de la media de su segmento, sobre todo si se le añade el recipiente mediano por separado.

Para quién tiene sentido

Encaja especialmente en casas de cuatro a seis personas que necesitan capacidad real, en quien valora poder seguir la cocción sin interrupciones, y en quien prioriza evitar recubrimientos sintéticos en sus utensilios de cocina. Tiene menos sentido para quien cocina raciones pequeñas de forma habitual, para cocinas con encimera reducida, o para quien usa la freidora de forma esporádica y no necesita justificar un desembolso por encima de la media.

Veredicto

La CRISPi PRO no revoluciona lo que hace una freidora de aire, revoluciona cómo se relaciona el usuario con ella mientras cocina. El cristal sin PFAS y los dos recipientes intercambiables son argumentos suficientemente sólidos para justificar el precio, siempre que se acepte el peso añadido y la fragilidad propia del material. No es un cinco sobre cinco sin matices —el coste real sube si se quiere el recipiente intermedio, y el peso pasa factura en el uso diario—, pero sí es una de las propuestas más honestas que ha dado el mercado de freidoras de aire en los últimos tiempos: en vez de prometer una función más, resuelve un problema que llevaba años ahí sin que nadie se lo planteara en serio.

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